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Los Hermanos Potter  y el Secreto de la Cámara


Capítulo 06: Slytherin VS Gryffindor

Media casa Slytherin estaba casi histérica por las pruebas para el equipo de Quidditch de Slytherin llegó por fin, y media casa estaba con los nervios a flor de piel. Los jugadores eran muy populares y los buscadores, junto a los cazadores, más aún. Muchos chicos, y alguna chica, estaban deseando ocupar el puesto de buscador vacante. Todos querían llegar a superar a dos buscadores casi legendarios, Harry Potter y Draco Malfoy. Las chicas, además, querían demostrar que las féminas también tenían su lugar en el equipo, que, tradicionalmente, estaba compuesto por hombres (con pocas excepciones, en el pasado hubieron algunas cazadoras y una guardiana, pero nunca una golpeadora o una buscadora)

James, por supuesto, estaba tan o más nervioso que los demás, aunque intentaba disimularlo. Ante los demás, aparentaba gran seguridad en sí mismo y en sus habilidad, pero lo cierto era que, siendo hijo de uno de los que fueron considerados como los mejores jugadores de Quidditch (buscador, además), sentía que esperaban mucho de él. Por ello, aprovechaba casi cualquier momento libre para entrenar.

Muchos esperaban que Scorpius, el hijo del otro gran buscador, se presentase también a las pruebas, y prácticamente toda la escuela se sorprendió cuando el joven Malfoy no mostró el más mínimo interés por el puesto. A Scorpius el Quidditch le traía sin cuidado, era su hermana, como el chico trató de explicar, la que estaba como loca por jugar.

La paciencia de Albus, y de media casa Slytherin, sufrió una gran prueba a la hora de afrontar el nerviosismo de los miembros en general y de James en particular, pero por fin llegó el gran día.

- Me han dicho que serás nuestra ayudante hasta que termine el próximo partido.

Lisse miró al capitán del equipo de Slytherin, sintiéndose muy pequeñita. Grendel Wilkes, el capitán, de quinto curso, era un chico alto, ancho de espaldas y muy serio. Tenía fama de ser un chico peligroso si se le molestaba, pero lo cierto era que Lisse jamás le había visto un gesto amenazante o una palabra más alta que otra. Por lo que le había oído decir a James, Wilkes era un chico muy capacitado para el Quidditch, posiblemente uno de los mejores cazadores que el equipo había tenido. Había sido nombrado capitán el año anterior, y había dirigido el equipo con mano firme y dura, casi golpeando a sus jugadores cuando intentaban cometer alguna falta, cosa extraña en un capitán de Slytherin. Wilkes, orgulloso de sus habilidades, quería ganar y que sus triunfos no pudieran ser discutidos, por lo que insistía en un juego agresivo, pero limpio.

- Sí, eso me dijo el profesor Von Trussle.

- Bien. Las pruebas son esta tarde, a las cuatro y media. Me gustaría que estuvieras en el campo de Quidditch una hora antes, para prepararlo todo. ¿Puede ser?
- Claro.

- Bien, te espero después entonces, no llegues tarde.

Wilkes salió de la sala común, dejando a Lisse esperando a los chicos, que aún no estaban preparados para subir a desayunar.

- ¿Ese era Wilkes? - preguntó James, nervioso - ¿Te ha dicho algo?

- Que esté en el campo de Quidditch a las tres y media.

- ¿A las tres y media? ¿Pero las pruebas no eran a las cuatro y media?

Lisse, Albus y Scorpius no pudieron reprimir la risa al ver la cara de histeria de James.

- Tranquilo, Jimmy, las prueba siguen siendo a las cuatro y media. Pero el capitán quiere que esté antes para ayudarle a prepararlo todo.

- ¿A prepararlo todo? ¿A preparar qué? ¿Nos va a hacer alguna prueba en concreto?



Lisse pasó todo el día esquivando como podía a James. El pelinegro la acosaba a preguntas, que Lisse evitaba responder, en parte porque no conocía las respuestas, en parte porque disfrutaba viéndole sufrir. La niña y Albus hicieron lo que pudieron para despistar a James, pero no había forma: el chico siempre sabía dónde encontrarles (en parte gracias a su mapa) y parecía conocer un sinfín de atajos, porque por mucho que corrieran o por muy lejos que se fueran, siempre aparecía, seguido por Scorpius, que disfrutaba tanto o más que su hermana con el sufrimiento de su amigo.

- No entiendo cómo puedes divertirte tanto, a mí me parece insoportable.

Albus estaba molesto. Una vez más, su hermano, James el Magnífico, acaparaba toda la atención. Estaba harto de verle aparecer por todas las esquinas, de correr por medio castillo intentando evitarle y de no poder mantener una conversación decente con Lisse porque o bien aparecía James para asediarla con sus malditas preguntas o bien algún otro Slytherin comentaba algo sobre su hermano.

- Oh, vamos, Al, es genial verle tan desesperado.

- Sí, es genial encontrarlo hasta en la sopa.

- Venga, no me digas que no te divierte ni un poquito ver lo nervioso que está.

- ¿Mi hermano, nervioso? Mi hermano tiene el ego más grande del universo, tiene total confianza en que va a conseguir el puesto.

- Tu hermano está histérico, y ni él se cree que vaya a conseguir el puesto. Pero le gusta jugar a ser el amo del corral y por eso se da esos aires. Pero créeme, esta tarde no va a saber ni cómo se coge una escoba.

- ¿Tú crees?

Lisse le guiñó un ojo y se metió en un baño de chicas. Albus se apoyó contra la pared, esperándola y tratando de ignorar las miraditas burlonas que le echaban las chicas. Entre el primer curso, algunas de las niñas más tontas murmuraban sobre si eran o no novios. Lisse se reía cuando las escuchaba, y decía que no eran más que un grupo de ñoñas aburridas que no tenían nada mejor que hacer, pero a Albus no le gustaban las habladurías. De repente, un montón de gritos agudos salieron del baño, la puerta se abrió de golpe (Albus tuvo que saltar para evitar que se lo llevara por delante) y el pelirrojo vio a su hermano huyendo a toda velocidad, seguido por un grupo de chicas furiosas. Lisse salió, llorando de risa.

- Recuérdame que mate a mi hermano - masculló Albus, furioso - De la forma más lenta, cruel y dolorosa que exista.

Lo positivo de aquello fue que por fin se libraron de James, quien ni siquiera apareció por el comedor, por lo que pudieron almorzar tranquilos.


Alrededor de las tres y cuarto, Albus se despidió de Lisse y se fue a la biblioteca, donde esperaba encontrar a sus primos. La rubia le había propuesto que la acompañara y mirara las pruebas, pero Albus no tenía ganas de ver a un montón de gallos peleando por el mejor palo del gallinero. Lisse se encogió de hombros y se fue hacia el campo de Quidditch.

Encontró a Wilkes en el vestuario, en el cuartito del capitán. Estaba mirando unas fichas.

- Hola - la saludó el joven - Estaba repasando las notas sobre los miembros del equipo. Quiero repasar sus perfiles, me gustaría que el nuevo buscador encaje bien.

Lisse echó un vistazo.

- Son todo chicos - observó.

- Los mejores que tengo - Wilkes se encogió de hombros - Las chicas no encajan muy bien con el estilo de juego de Slytherin.

- Las chicas podemos ser muy agresivas también. Y además, solemos ser más rápidas que los chicos, dado que, en promedio, las chicas somos más pequeñas y pesamos menos.

Wilkes la miró. Aquella niña sabía de lo que hablaba. La había visto volar (solía estar atento a los niños de primero, en busca de talentos en potencia) y sabía que era buena.

- ¿Te gustaría estar en equipo?

- Me encantaría.

- ¿Qué puesto?

- Cazadora.

- El año que viene quedarán dos vacantes.

- Lo sé.

- ¿Te presentarás?

- Puede.

- Espero que estés preparada para entonces.

- Lo estaré. El puesto será mío.

- ¿Por qué estás tan segura?

- Un Malfoy siempre consigue lo que quiere.

La seguridad de la niña le arrancó una media sonrisa a Wilkes, más de lo que casi nadie había conseguido.

- Bien, te espero en las pruebas del año que viene, pues. Ahora, centrémonos en esta prueba - le pasó una lista de nombres - Estos son los candidatos. ¿Conoces a alguno?

- Conozco a Potter.

- ¿Y cómo es?

- Arrogante. Presuntuoso.

- Cómo vuela - aclaró el capitán.

Lisse meditó sus palabras.

- No lo he visto volar, pero mi hermano dice que lo hace muy bien. Como si fuese algo natural para él.

- Algo así tengo entendido. Es famoso entre los de su curso por ello - Wilkes se levantó y se dirigió hacia el armarito de materiales. Lisse le siguió. - ¿Es amigo tuyo?

- De mi hermano…

Wilkes cogió una bolsa de pelotas de golf y se la tendió a Lisse. Luego se acachó para sacar la Snitch del baúl.

- Coge la lista y reúnete conmigo fuera.


El capitán y la pequeña Malfoy pasaron el siguiente rato hablando sobre la prueba y sobre el trabajo que el joven esperaba que la niña hiciera. Le explicó que tendría que ayudarle a preparar los entrenamientos y recoger después de los mismos, tomar notas de lo que él le dijera, hacer de correo entre los jugadores y alguna que otra pequeña tarea. Después le contó lo que sabía acerca de los candidatos. El tiempo pasó rápido y los aspirantes llegaron al campo. Mientras el capitán echaba un primer vistazo a chicos y escobas, Lisse pasó lista. Había veintitantos candidatos, de todos los cursos. James le regaló una sonrisa nerviosa. Por un momento, Lisse se planteó hacerle un gesto de burla, pero el chico parecía estar al borde de la histeria y decidió devolverle una sonrisa de ánimo, que pareció envalentonar al pelinegro.

- ¡Bien! - exclamó Wilkes - ¡Antes de nada, quiero asegurarme de que sabéis lo que es una escoba, así que vamos a calentar dando unas vueltecitas al campo!

Les hizo dar no menos de quince vueltas, durante las cuales el capitán y Lisse hicieron unas cuantas observaciones sobre la técnica y la habilidad de vuelo. Los había que volaban bastante bien, otros parecían tener que esforzarse un pelín y unos pocos eran bastante patosos. Lisse no tuvo más remedio que reconocer que James volaba muy bien, tanto como Albus o puede que más, dado que tenía más práctica.

- ¡Suficiente chicos! ¡Ahora quiero ver lo rápidos que podéis llegar a ser! ¡Una carrera, desde estos postes de gol hasta los otros y volver, tres veces! ¡Los diez primeros se quedan, el resto se van!

Por un momento, Lisse creyó que en lugar de una carrera de escobas estaba viendo un combate de lucha libre. Unos pocos, con James a la cabeza, se lanzaron rápidamente. Otros, también pocos, se quedaron atrás. Pero la mayoría se concentró en una especie de bola, entre los que lideraban la carrera y los que se quedaban en la cola. Desde el suelo no podía verlo bien, pero por los gritos y gestos, Lisse podía adivinar una serie de patadas, codazos, agarrones de escoba…

- ¡Qué desastre! - masculló Wilkes - La deportividad nunca ha sido una marca de la casa Slytherin, pero esto es demasiado, me niego a jugar con todos estos cafres. Además, no me gusta el juego sucio, llevo media estancia escolar intentando evitar que mi gente cometa faltas…

Lisse dejó escapar una risita ante el comentario y siguió apuntando los nombres de los ganadores. Cuando llegó al décimo, le pasó la lista al capitán, quien ordenó parar la carrera-combate (algunos estaban tan enzarzados en su propia batallita que incluso los rezagados los habían superado casi sin darse cuenta) Algunos intentaron enfrentarse y reivindicar una segunda prueba, pero una mirada del capitán bastó para que hasta los de séptimo se marcharan refunfuñando.

- ¡Lo siguiente va a ser cazar unas cuantas de estas! - Wilkes levantó la bolsa de pelotas de golf - ¡Las haré volar con la varita, vosotros tendréis que cazarlas! ¡Los cinco que consigan atrapar más pelotas pasarán, los demás se largan!

Nuevamente la prueba se convirtió en una mini pelea, pero no tan salvaje como la anterior, en parte debido a la habilidad del capitán para lanzar las pelotas en las direcciones más disparatadas. Aquella prueba divirtió mucho a Lisse, y Wilkes, que empezaba a cogerle algo de afecto, le dejó lanzar las últimas tres pelotas. Todas fueron recogidas por James, quien, al término de la prueba, se las devolvió sonriente, confiado en su habilidad. Lisse hizo el recuento de pelotas. Al igual que en la primera prueba, James había ganado sobradamente.

- Lo siento por los que no han pasado - despidió Wilkes a los descartados cuando Lisse terminó de leer la lista - A vosotros os toca la prueba de fuego - con un gesto, mandó a los que quedaban de vuelta al aire - ¡Os presento a vuestro objetivo! - abrió la el puño y el sol reflejó su luz en una pequeña bola dorada - ¡La Snitch dorada! ¡Voy a soltarla y, tras cinco minutos, saldréis tras ella! ¡El que la coja, se queda con el puesto!

Las caras de los aspirantes reflejaron la ansiedad, el nerviosismo y la ambición por el puesto. Desde la distancia era difícil estar segura, pero a Lisse le pareció que James estaba blanco, pero parecía estar muy concentrado. Los cinco minutos se hicieron eternos para todos. Al fin, Wilkes dio un toque de silbato y los aspirantes se lanzaron en busca de la Snitch. Ninguno parecía saber muy bien qué hacer. Ninguno, excepto James, quien se lanzó hacia un punto concreto, hacia uno de los extremos del campo y ligeramente hacia arriba. Durante unos segundos, nadie se dio cuenta de ello, excepto Lisse, quien no le había quitado la vista de encima. La niña le dio un codazo a Wilkes y le señaló al pelinegro. El resto de candidatos se lanzó tras él, sin que la mayoría supiera con certeza dónde se encontraba exactamente la Snitch. Llegaron tarde, tras unos diez minutos de persecución, James cerró el puño entorno a la pequeña pelota. Con el brazo contra el pecho, el chico descendió junto a Lisse y se le tiró al cuello.

- ¡La tengo, Lisse, la tengo! - gritaba, emocionado - ¡Lo he conseguido, lo he conseguido!

Lisse estaba contenta por él. Lo abrazó con fuerza, se había dado cuenta de lo mucho que significaba aquel puesto para James. Mientras el pelinegro gritaba, saltaba y abrazaba a la niña, Wilkers acabó con las quejas del resto y los mandó de vuelta al castillo.

- Enhorabuena, Potter, pero lo duro empieza ahora. Tengo reservado el campo mañana, te espero a las cinco para un entrenamiento en solitario, el resto del equipo se nos unirá más tarde, quiero asegurarme de que trabajáis bien juntos - James asintió a todo, emocionado - Márchate y descansa, mañana te quiero lleno de energía.

James, para sorpresa de Lisse, obedeció inmediatamente. La niña y el capitán se entretuvieron terminando de recoger y volvieron al cuartito del capitán, pues Wilkes quería repasar los resultados de las pruebas. Podían oír a James tarareando alegremente en la ducha.

- Dame las notas y pasa a limpio los resultados de las pruebas, quiero tener uno o dos candidatos en la reserva, por si acaso.

- Yo me quedaría con éste - señaló Lisse.

- Este tiene mejores resultados…

- Y la mano un poco suelta, estuvo en la melé de la primera prueba y en la segunda casi tira a otro de la escoba.

La cabeza mojada de James apareció por la puerta y los interrumpió. El chico entró despacio y se quedó mirando alternativamente al capitán y a Lisse, como queriendo reunir valor para decir algo.

- ¿Y bien? ¿Vas a quedarte mirando lo guapos que somos o vas a decir lo que sea que venías a decir?

A Lisse se le escapó una risita por el comentario de Wilkes.

- Quería saber si… si podría…

- ¿Si podrías qué?

- Si podría… quedarme la Snitch.

Lisse lo miró sorprendida. No esperaba algo tan… sentimental, por llamarlo de alguna forma, de James. Wilkes lo meditó un momento.

- Bueno, vale. Acabamos de recibir unas cuantas nuevas, supongo que no pasa nada si te la quedas, de todas formas se cambian cada pocos partidos…

James esbozó una de esas sonrisas que tanto le gustaban a todo el mundo y se marchó a terminar de recoger sus cosas.

- Tú puedes irte también - el capitán se volvió hacia Lisse - Yo aún voy a quedarme un rato, pero no te necesito. Mañana te diré cuándo es el próximo entrenamiento.



James recorrió el camino de vuelta dando saltos cual Heidi por los montes. De vez en cuando soltaba la Snitch y la volvía a coger rápidamente. El niño estaba feliz, muy feliz. Lisse tuvo que correr para mantenerse a su ritmo.

Ni Albus ni Scorpius habían vuelto aún. El primero seguía en la biblioteca con sus primos, el segundo estaba cumpliendo parte de su castigo. James y Lisse se sentaron a esperar. El pelinegro seguía jugueteando con la pequeña bola dorada, y sonreía con orgullo cuando algún miembro de la casa le felicitaba por haber conseguido el puesto.

Al cabo de un rato entró Albus, cargado de libros y pergaminos.

- Hola - saludó, dejando caer la mochila y los volúmenes sobre un cojín.

- ¡Hermanito, lo he conseguido! - James le alborotó el pelo y puso la Snitch ante las narices.

- Ya lo sé, todo el mundo lo sabe - protestó Albus, medio riendo medio serio, apartando a su hermano.

- Ya verás, en el próximo partido la gente va a flipar, la escuela entera me va a hacer la ola…

James siguió un rato hablando de Quidditch, sin apenas darse cuenta de que su hermano se aburría. A Albus no le importaba mucho el Quidditch, aunque en su casa siempre habían sido grandes seguidores del juego. El pelirrojo, aunque disfrutaba de un buen partido y se alegraba de ver ganar a su equipo, encontraba un poco estúpido que el estado de humor y las simpatías de alguien estuviesen sometidas a cuatro pelotas. Además, aquello era otro punto para su hermano, que ya era el simpático, el divertido, el guapo, el que más se parecía a su padre…

Tanto Albus como Lisse se alegraron cuando Scorpius llegó por fin. El rubio estaba sucio y tenía cara de cansancio, pero también una gran sonrisa.

- Perdón por el retraso, pero he pensado que la ocasión merecía algo especial - se disculpó, lanzando unos pastelitos a los demás.

- ¿De dónde has sacado esto? - preguntó Albus, mientras James, que apenas había sido capaz de comer en todo el día, devoraba con apetito la comida.

- De las cocinas, ¿de dónde si no? - Scorpius vació sus bolsillos. Un pequeño banquete de dulces variados se amontonó frente al fuego

Decidieron no subir a cenar y comer los dulces ante el fuego, mientras charlaban animadamente. El cansancio de Scorpius y el ligero mal humor de Albus se evaporaron rápidamente. Se estaba demasiado bien allí, con los mejores amigos que pudieran tenerse, calentitos frente al fuego, comiendo golosinas y riendo. Los cuatro se sintieron muy afortunados.



Las pequeñas tertulias junto al fuego se convirtieron en una pequeña costumbre de los cuatro amigos. Los deberes aumentaban, Scorpius y Albus seguían castigados y la proximidad del primer partido de Quidditch, que sería poco antes de las vacaciones de Navidad, absorbía casi todo el tiempo libre de James, que tenía que entrenar, y de Lisse, cuyo castigo era cada vez menos un castigo y cada vez más una diversión.

James encajó rápidamente en el equipo, debido a su gran habilidad para volar y a los excelentes resultados que obtenía en los entrenamientos. El resto del equipo, todo chicos de entre cuarto y séptimo curso, aceptó sin problemas al nuevo miembro, a pesar de que era bastante más pequeño que ellos, en parte por la disciplina que Wilkes imponía (capaz de doblegar incluso a los más mayores), en parte porque James era el tipo de persona capaz de ganarse casi a cualquiera.
También Lisse se había acoplado al equipo bastante bien. El capitán la apreciaba y el resto del equipo la “adoptó” como ayudante oficial.  La niña trabajaba bien y sabía bastante de Quidditch. Wilkes estaba complacido: el material siempre estaba a punto, los chicos siempre sabían dónde y cuándo habían quedado (a veces, los días en los que no podían entrenar se reunían para discutir estrategias o para comentar lo que sabían de otros equipos) y, como la mayoría de los alumnos de cursos superiores apenas reparaba en los niños de primero, los jugadores de otros equipos apenas se daban cuenta de que Lisse rondaba cerca y no cortaban sus conversaciones.


Scorpius hubiese jurado que la profesora Taylor estaba practicando con sus alumnos las pociones más pegajosas que existían. De otra manera, era inexplicable que cada día tuviera no menos de quince calderos por limpiar. El chico estaba convencido de que la profesora aprovechaba su castigo para vengarse por el “incidente” del curso anterior.


El castigo de Albus no era excesivamente cansado: Von Trussle se limitaba a pedirle que ordenara pilas de pergamino o pasara a limpio listados con las notas. No era difícil, pero sí monótono. El pelirrojo, al principio, estuvo algo nervioso, pues el profesor le imponía mucho. Pero pronto, cuando se percató de que el hombre apenas parecía notar su presencia, se perdió en sus propios pensamientos. Tuvo tiempo de sobra para estudiar al profesor y su despacho.

La palabra que mejor lo definía era “oscuro”. Vartan Von Trussle era alto y delgado, entre siete y diez años, como mínimo, más joven que su padre (Albus calculó que, probablemente, ni siquiera coincidieron en la escuela) Tenía la piel clara y el cabello castaño oscuro, tan oscuro que se veía negro cuando había poca luz. Sus ojos eran azules y fríos, como una puñalada de hielo. Vestía siempre con ropa oscura y nunca se le veía una sonrisa que no fuese irónica o de burla. Su rostro serio, su mirada penetrante y su pose algo altanera le valían el respeto, o mejor dicho, temor, de todos los alumnos.

El despacho era oscuro y serio, como el profesor. Estaba repleto de libros sobre artes oscuras, algunos sobre cómo defenderse ante ellas y otros simplemente acerca de las mismas, además de una pequeña colección acerca de seres mágicos de todo tipo. También había una gran cantidad de objetos, muy variados, cuyo uso Albus no podía intuir. Nada en la sala, ni en el profesor, dejaban entrever nada sobre su personalidad o su vida privada.

Pese a todo, Albus admiraba a aquel misterioso y oscuro profesor. Se fijaba en sus movimientos, en sus palabras, en su forma de ser. No tardó en percatarse de la extraña relación que mantenía con la profesora Taylor. Era habitual verles charlar durante las comidas o cuando ninguno de los dos tenía nada que hacer. Sin embargo, había algo que no encajaba del todo. Taylor era radicalmente opuesta a Von Trussle: una mujer alegre, siempre vestida con ropa colorida y a la moda y con afición a charlar con sus alumnos y a sonreír. La única cosa que ambos parecían tener en común era su edad (¿tal vez antiguos compañeros de clase?) Corría el rumor de que mantenían una relación secreta, pero Albus jamás vio nada que pudiera interpretarse de esa manera. De hecho, era difícil imaginar a Von Trussle con una novia. Hasta era difícil imaginarle con amigos…

El partido Slytherin-Gryffindor tenía a toda la escuela revolucionada. Razones no faltaban: era el primer partido del curso (y tanto los de Ravenclaw como los de Hufflepuff querían aprovechar para tomar buena nota del trabajo de los dos grandes rivales por excelencia), la rivalidad entre ambas casas era más que legendaria y, además, estaba el nuevo buscador de Slytherin. Era muy poco habitual que alguien de segundo jugara (de hecho, Fred comentó que, según le habían dicho, James era el jugador más joven desde los tiempos de Harry Potter y Draco Malfoy) y se rumoreaba que James tenía todas las papeletas para convertirse en el mejor buscador de Hogwarts. Los rumores se habían visto alimentados por el jugueteo constante de James con su Snitch (McGonagall le advirtió en varias ocasiones que si lo volvía a ver con ella, se la pondría para desayunar) y por los propios alumnos de primero y segundo, especialmente los de Slytherin.

También creaba bastante expectación la escoba que James había recibido: la nueva versión de la Saeta de Fuego, en edición especial. Una escoba hecha a mano, personalizada para cada poseedor. Carísima y exclusivísima, incluso los equipos profesionales tenían problemas para hacerse con una. Ni siquiera James esperaba esa escoba (él había pedido una Saeta de Fuego normal, incluso se hubiese conformado con la vieja escoba de su padre) y casi se cae al desenvolverla. Harry la había decorado con un león dorado en la punta del mango, de cuya cola nacía una serpiente que envolvía todo el mango. El nombre de James (“James S. Potter”) estaba también grabado en ella. Prácticamente todo el colegio se acercó a intentar verla, hasta que los profesores les obligaron a dispersarse, y Lisse babeaba, literalmente, por ella.

El gran día llegó por fin. Desde primera hora de la mañana, no se habló de ninguna otra cosa. Incluso hubo profesores que prefirieron dejar sus clases a medias y mandar el resto de la lección como deberes, dada la imposibilidad de hacer que sus alumnos cambiaran de tema.

James, por segunda vez en su vida, estaba al borde de la histeria. Aún había quien consideraba que no tenía lugar en el equipo (en especial los que habían sido rechazados) y tenía que demostrar que era, como algunos afirmaban, el mejor buscador desde su padre. Scorpius prácticamente le metió la comida a presión, argumentando que no podía enfrentarse a un partido con el estómago vacío.

La mañana se hizo eterna, las clases pasaban con lentitud y los nervios no hacían sino aumentar. Lisse se dirigió hacia el campo un poco antes, pues había quedado en echar un vistazo a los vestuarios y dejar preparadas bebidas y toallas para el equipo, de forma que estuviera todo listo para cuando terminara el partido, para poder irse a las gradas.  

Para sorpresa de la niña, James ya estaba allí. Se había quitado la camisa del uniforme, quedándose con una camiseta interior, y tenía la túnica del equipo entre las manos. Tenía la mirada baja, los ojos fijos en algún punto del infinito.

- ¿Nervioso?

James se sobresaltó.

- ¿Qué haces aquí?

- Soy yo quien debería hacerte esa pregunta – Lisse se sentó junto a James y le quitó la túnica de las manos, con suavidad – Es muy bonita. Espero tener una igual pronto.

- Créeme, no te gustará. A menos que te guste tener un montón de culebras retorciéndose por tus intestinos…

Entre ambos se hizo un silencio, que ninguno de los dos sabía muy bien cómo romper. Al poco, el resto del equipo llegó y los dos pequeños se dedicaron a sus tareas: Lisse, ayudar en lo que podía y hacer lo que le mandaban y James, terminar de cambiarse e intentar no vomitar lo poco que había comido.

Fuera se escuchaba el griterío de la gente que empezaba a ocupar las gradas. El cielo estaba despejado, el aire era fresco, pero el sol calentaba lo suficiente para evitar que los jugadores se congelaran.

Con un nudo en el estómago, James se puso al final de la fila formada por el equipo. Podía sentir como su cuerpo temblaba. Sujetó su escoba más fuerte. El contacto con el palo le hacía sentirse un poquito más seguro.

Maggie Jenkins, la comentarista, anunció la entrada del equipo de Gryffindor, y un estallido de aplausos recibió a los jugadores de color rojo y oro. Después fueron anunciados los chicos de Slytherin, y seis túnicas verdes y plateadas salieron disparadas, acompañadas por los aplausos, un poco menos numerosos, pero compensados con los nombres de algunos jugadores gritados por la afición.

James, al oír su nombre, pensó que se iba a desmayar, pero en cuanto pegó una patada en el suelo y su escoba se elevó, sintió que sus nervios se habían quedado en el suelo. El aire frió le golpeaba la cara y le revolvía su ya despeinado cabello, dándole una extraña sensación de felicidad. Desde el aire, vio como toda la casa de Slytherin estaba volcada en el equipo. Entre el resto de hinchadas se distinguía alguna mancha verde y plateada entre la marea roja y dorada. Aguzando el oído, pudo entender los nombres coreados de algunos de sus compañeros de equipo. Se sonrojó un poco al oír el suyo entre los gritos. Casi todos los alumnos de primero y segundo lo miraban y coreaban su nombre, especialmente algunas chicas. Sonrió al distinguir a su hermano y sus amigos: Albus se había subido a su asiento para ver mejor al pelinegro y Scorpius sujetaba a Lisse con un brazo (el otro lo agitaba en alto), intentando evitar que la niña, que tenía medio cuerpo fuera de la baranda que protegía la primera fila, se cayera. Lisse había subido lo más rápido posible hasta las gradas, donde su hermano y Albus le habían guardado un sitio en la primera fila de la hinchada de Slytherin.

De pronto, entre todo el ruido, se escuchó el sonido del silbato y la Quaffle fue puesta en juego. James respiró hondo, deseó lo mejor a sus compañeros en silencio y se concentró en su papel: encontrar la Snitch. Wilkes había sido muy claro en ese sentido. No debía preocuparse por la Quaffle o las Bludgers, sólo por la Snitch.

El pelinegro no tardó en darse cuenta de que la teoría era mucho más fácil que la práctica. En los entrenamientos, le había resultado relativamente sencillo encontrar la bolita dorada, pero en el partido había el doble de jugadores y las Bludgers, además de perseguir por sí mismas a los jugadores, eran enviadas con la mayor fuerza posible por los golpeadores contrarios. La agilidad de James fue puesta a prueba en más de una ocasión, y en todas las superó con nota. Ser más pequeño que el resto y tener la mejor escoba del mercado contribuían bastante a ello.

Estaba tan concentrado en encontrar la Snitch, evitar que una Bludger, u otro jugador, se lo llevara por delante y en no perder de vista al buscador rival, que apenas podía seguir el desarrollo del partido. De vez en cuando, los gritos de alegría y frustración de la hinchada le indicaban que alguien había marcado un gol, pero era casi imposible determinar qué equipo había marcado.

El tiempo corría, los equipos marcaban (y cometían alguna que otra falta) y la Snitch no aparecía. El partido se alargaba y no había señal alguna de la pequeña bola. En un par de ocasiones, James cruzó la mirada con el buscador de Gryffindor. Al principio, se miraban casi con odio. Conforme pasaba el tiempo, el odio empezó a ser sustituido por desconcierto.

El sol empezaba a ponerse. De pronto, entre los rayos rojizos, se distinguió un brillo, cerca de los postes de gol de Gryffindor. ¿Sería la Snitch o un reflejo de los postes por el sol poniente?

Todo el estadio miró sorprendido al buscador de Slytherin lanzándose como un misil contra el guardián de Gryffindor. Las dos Bludgers fueron esquivadas. Los jugadores encontraron más práctico apartarse de su camino. La Quaffle, bajo el brazo de uno de los Cazadores de Slytherin, había quedado olvidada, pues todos estaban mirando al buscador. El mismo guardián de Gryffindor se quedó sin saber muy bien qué hacer. Parecía que se iban a chocar… pero en el momento justo, James viró ligeramente hacia un lado y pegó una especie de puñetazo a escasos centrímetros de la cara de su rival. Todo el estadio se lo quedó mirando como si estuviera loco. Wilkes ya tenía preparada una buena sarta de improperios para dedicarle a su buscador y el árbitro tenía preparado el silbato para pitar la falta cuando…

- ¡¡LA TENGO!!

James se volvió y dio una vuelta al campo, con el puño levantado. El estadio estalló en aplausos y vítores, junto con todo el equipo de Slytherin, que se apresuró acompañar y fundir a su buscador con palmaditas y revueltas de pelo. El equipo de Gryffindor pasó por unos instantes de decepción, pero luego se sumó educadamente (y de forma más comedida) a los aplausos.

El partido fue el tema de conversación durante todo el fin de semana. James, ya bastante conocido por sus trastadas, se hizo famoso en todo el colegio, y se convirtió, oficialmente, en una de esas personas a las que medio colegio ama y medio colegio odia. Algunos decían que esa captura pasaría a la historia, junto a la primera captura del padre de James, y casi todos afirmaban que James era igual de bueno que Harry, si no mejor.

El ego de James se hinchó bastante con las constantes felicitaciones y las peticiones de que relatara una y otra vez el partido, hasta el punto de que Lisse y Albus, aunque contentos por la victoria, pasaron la tarde del domingo en los jardines, junto a los primos del pelirrojo, hartos de oír una y otra vez los otros comentarios.

- Espero que el próximo partido lo pierda, porque si no, no va a haber quien lo aguante – se lamentó Albus, poniendo los ojos en blanco de una forma tan cómica que arrancó las risas de todos los presentes, a los que se unió divertido. Estaba feliz y orgulloso de su hermano, pero lo cierto era que si el ego de James no dejaba de ser alimentado, las vacaciones iban a ser muuuy largas…



Making Off:

- No os imaginais el frio que hace en mi altillo (subo porque aquí tengo mi estudio, donde puedo leer, escribir, estudiar, jugar y ver 7 Vidas tranquilamente) ni lo difícil que es escribir con guantres... 

 - Creo que no se me da muy bien escribir Quidditch XD. Cierta persona prometió ayudarme pero…
- Quería terminarlo en Navidad, pero me fue imposible. Tenía que estudiar. Mucho.

- La parte del Quidditch la escribí el otro día en el metro, sin poder mirar lo anterior. Espero que haya quedado bien…

- Para los que estabais impacientes, en el blog oficial del fic puse un par de chucherías para endulzar un poco la espera (y sentirme menos culpable) El blog tiene algunos contenidos exclusivos (pocos, pero los tiene), si no entrais es vuestro problema :P

 

1 Comment:

  1. Sandra said...
    Partidazo de James, pedazo buscador tiene Slytherin! =)

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